No sólo chefs y comercializadores de todo tipo están transformando de manera significativa la industria mundial de alimentos y bebidas, también lo están haciendo sistemas basados en inteligencia artificial (IA). Más que una realidad futurista para las empresas alimentarias, constituye un protagonista que ya influye en muchos ámbitos del sector, como el desarrollo de recetas, la reducción de residuos, iniciativas de sostenibilidad y formas de anticiparse a las interrupciones en la cadena de suministro.
Un ejemplo entre las firmas trasnacionales es Nestlé, que utiliza la IA basada en agentes para muchas de sus áreas de negocio. Eso sí, ninguna tecnología innovadora puede hacer milagros por mucha expectación que despierte, y los casos de uso muy prometedores también conllevan el riesgo de ir demasiado lejos o cometer errores, sobre todo en lo que se refiere al uso ético de los datos o la automatización.
El reto para los responsables de la toma de decisiones en materia de TI y tecnología no consiste tanto en darse cuenta primero del valor añadido de la IA, sino más bien en desarrollar la cultura, las habilidades y los sistemas que permitan escalar la tecnología de forma responsable.
Qué optimiza Nestlé con la IA
Desde siempre, la industria alimentaria ha tenido que lidiar con todo tipo de incertidumbres: desde la fluctuación de los rendimientos de las cosechas hasta los cuellos de botella logísticos, pasando por los cambios en las preferencias de los consumidores, que dificultan la planificación. En este contexto, Nestlé utiliza la IA para anticipar los patrones de demanda de forma más precisa que antes, y ajustar de manera dinámica los niveles de producción y existencias. Así, la tecnología ahora puede ayudar a predecir la hora de llegada de los contenedores a los puertos de destino, crear previsiones estadísticas y mejorar la precisión de la planificación de la demanda.
Incluso se utiliza en el desarrollo de fórmulas. La IA acelera la generación de ideas y el desarrollo de productos, ya que los modelos de aprendizaje automático (machine learning, una rama de la inteligencia artificial) analizan datos históricos de investigación y desarrollo. No son experimentos ni tampoco proyectos piloto, sino procesos productivos que ya están dando resultados.
Sin embargo, la eficiencia operativa por sí sola no es suficiente. Se necesita creatividad para lograr ese impacto real que apoye objetivos generales como la sostenibilidad, que es uno de los mayores retos de la industria alimentaria, donde la agricultura regenerativa y los envases innovadores desempeñan un papel fundamental; efectos que se pueden amplificar aún más gracias a la IA.
Luca Dell’Orletta, director global de innovación tecnológica y arquitectura empresarial del Grupo Nestlé, ha declarado al respecto: “Actualmente estamos explorando cómo los modelos de IA pueden optimizar el seguimiento del carbono en las complejas cadenas de suministro agrícolas, para permitir decisiones de adquisición más inteligentes y reducir las emisiones a gran escala”. En la fabricación, los sistemas de visión basados en IA pueden minimizar los residuos y mejorar el uso de la energía, lo que también ayuda a Nestlé a cumplir sus compromisos medioambientales”.
Incluso ya integrada en la estructura central de las operaciones, la empresa no pierde de vista que la IA no debe sustituir ni desplazar los valores que definen la artesanía y la humanidad de los alimentos de alta calidad.
No hay pase libre para la IA
La velocidad es una de las características más atractivas de la IA genérica, pues permite crear contenidos de campaña, textos o conceptos de productos casi al instante, una rapidez que no necesariamente significa excelencia. La cultura influye en la comida, que evoca emociones, y lo que triunfa en una región no tiene por qué hacerlo en otra. Por eso Nestlé cuenta con sistemas human-in-the-loop que permiten a los equipos locales adaptar las soluciones globales. “Y sólo podemos advertir en contra dejar que los algoritmos gestionen tareas creativas sin supervisión”, afirma Dell’Orletta.
A esto hay que sumar las preocupaciones sobre el sesgo en lo que respecta a las pruebas de productos y la investigación de los consumidores, especialmente cuando los conjuntos de datos no reflejan del todo la diversidad de los compradores globales. Para empresas de alimentación con dimensión mundial como Nestlé, la ampliación responsable de la IA también debe incluir un compromiso con la diversidad a nivel de datos.
Se trata de una nueva era en la que los responsables de la toma de decisiones en materia de TI ya no son sólo socios tecnológicos, sino impulsores del crecimiento y guardianes de los datos que coordinan los distintos facilitadores de la transformación. Por lo tanto, que la IA triunfe depende sí de la implementación de los últimos modelos, pero también de la adquisición de talento, la gobernanza y el fomento de la experimentación de formas que se ajusten al propósito de la marca y a la asunción de riesgos. En consecuencia, un nivel de integración que se extiende con coherencia a todas las áreas funcionales, departamentos y cadena de valor empresarial.
“Creemos que las empresas alimentarias que finalmente ganarán, serán las que adopten la IA como una competencia básica en lugar de un complemento. No se trata de quién se automatiza más rápido, sino de la capacidad de replantearse las cosas y adoptar nuevas formas de trabajar”, concluye Luca Dell’Orletta.
Fuente: CIO (con edición de Alfa Editores)








