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Descifrando al consumidor de vino de la Generación Z

La industria vitivinícola experimenta con diversas alternativas de envasado dirigidas a la Generación Z para determinar qué formatos conectan con este grupo emergente.

Con sus integrantes de mayor edad acercándose a los 30 años, la Generación Z influye en el diseño de los envases. De acuerdo con especialistas, estos consumidores muestran poco apego a códigos tradicionales como el origen o las variedades, priorizando el precio accesible, la portabilidad y descriptores de sabor directos. Mientras las bodegas buscan captar a este segmento, que apenas iguala el volumen de consumo alcohólico previo, el empaque cobra protagonismo.

Hamish Campbell, vicepresidente y director creativo ejecutivo de Denomination, indica que a esta generación no le atrae la tradición, la herencia familiar, el terruño ni el año de cosecha; prefiere bebidas sabrosas para celebrar ocasiones especiales. Por su parte, Helen Kurtz, directora de marketing de The Wine Group, subraya que el envase resulta crucial para atraerlos hacia la categoría, pues demandan comodidad para beber en distintos momentos y la botella de vidrio de 750 ml ya no basta.


Asequibilidad y conveniencia frente a barreras tradicionales

El aspecto financiero también determina su conducta. Campbell señala que los jóvenes evitan gastar en botellas costosas que no conocen, pues desembolsar 25 dólares en un entorno económico adverso representa una barrera alta. En contraste, las opciones listas para beber en porciones individuales han ganado aceptación al eliminar ese obstáculo económico.

Este escenario impulsó a diversas marcas a diseñar formatos acordes con su dinámica cotidiana, optando por latas, cajas bag-in-box y envases Tetra Pak pequeños. Samantha Burdette y Tess Roletti, cofundadoras de Fussie Wines y miembros de esta generación, estructuraron su proyecto en torno al formato bag-in-box, utilizando cajas cúbicas de 1,5 litros —equivalentes a dos botellas— con colores vivos alusivos al producto.

Ambas afirman que las cajas portátiles encajan con el ritmo de vida juvenil, mostrando en su web los empaques en escenas cotidianas, como el lavabo de un baño. Roletti añade que existe interés por el vino, pero al sector le ha costado construir marcas con razones claras de elección.

Las grandes compañías adoptan medidas similares. Kurtz apunta que, ante el repliegue paulatino de los baby boomers, la industria y The Wine Group deben abrir puntos de contacto para el nuevo consumidor, consolidando al empaque como el elemento central de esa estrategia.

Fuente: Packaging Digest

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