A través de una disposición sin precedentes, se instaura un mecanismo de acreditación opcional y se obliga a las principales cadenas de supermercados a colocar en lugares visibles los comestibles que cuenten con etiquetas más limpias.
Reporte
El poder legislativo de California respaldó la creación de un sello de certificación de alimentos no ultraprocesados dirigido a las empresas del sector alimentario. La legislación contempla igualmente la obligación para las tiendas de autoservicio de dar mayor visibilidad a las alternativas con rotulado más limpio para los compradores.
La propuesta legislativa, pendiente todavía de la firma del gobernador, diseña un esquema de validación voluntario para aquellos artículos que queden fuera de la definición de alimento ultraprocesado fijada por el estado el año previo.
Esta regulación se presenta en un escenario donde proliferan certificadoras independientes que ofrecen sellos de productos no ultraprocesados a la industria, frecuentemente bajo conceptos dispares respecto a lo que implica contar con una etiqueta limpia.
Análisis
Tomando como referencia el distintivo «USDA Organic», la nueva marca de California busca ofrecer al público una herramienta fidedigna para reconocer artículos más sanos, de acuerdo con el asambleísta Jesse Gabriel, impulsor de la iniciativa.
Gabriel afirmó que, de manera similar al sello orgánico del USDA, este distintivo otorgará datos transparentes y seguros a los consumidores, simplificando la búsqueda de comida saludable y sin aditivos perjudiciales, agregando que los padres de familia no tendrían por qué poseer un doctorado en química para saber qué consumen sus hijos.
Durante el año anterior, California fue pionero a nivel nacional al clasificar y vetar los comestibles ultraprocesados. Dicha acción ocurrió en medio de un mayor escrutinio de los ingredientes por parte del público y de la corriente «Make America Healthy Again» (Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser saludable), asociando con mayor contundencia el consumo de procesados con consecuencias adversas para la salud colectiva. Bajo el criterio de California, un alimento califica como ultraprocesado si incorpora aditivos —tales como emulsionantes o saborizantes— o bien si presenta concentraciones elevadas de sodio, azúcares añadidos o grasas saturadas.
Aunque la nueva norma no detalla los parámetros específicos que definen a un alimento como no ultraprocesado, la disposición puntualiza que el sello no podrá ser portado por ningún producto que encaje en la definición estatal de ultraprocesado.
Este sello californiano entraría a competir con un catálogo creciente de sellos de alimentos no ultraprocesados con los que las compañías buscan comercializar sus artículos como alternativas más sanas. Entre ellos figuran el Estándar Verificado No-UPF impulsado por el Proyecto No-OGM y la certificación No-UPF otorgada por la entidad no lucrativa Programa No-UPF.
Frente a la multiplicación de estos distintivos comerciales, agrupaciones defensoras del consumidor han señalado el riesgo de desorientar a los clientes, dado que parten de metodologías de evaluación y definiciones disímiles. El Centro para la Ciencia en el Interés Público (CSPI) advirtió que los sellos muestran criterios incoherentes y, en ciertas ocasiones, prescinden de estándares nutricionales estrictos, lo que abriría la puerta a que las marcas empleen la certificación libre de UPF aun si los artículos exceden los límites de sodio o azúcar exigidos para portar el rótulo «Saludable» de la FDA.
Desde la perspectiva del CSPI, para quienes busquen como meta central ingerir productos con procesamiento mínimo o alimentarse de forma más balanceada, hay caminos más adecuados que guiarse únicamente por sellos que indiquen la ausencia de UPF.
Fuente: Canainca









