Durante los últimos años, buena parte de la innovación alimentaria estuvo dominada por la reducción: menos azúcar, menos ingredientes, menos porción, menos procesamiento, menos impacto. En paralelo, está emergiendo una corriente que parece ir en la dirección contraria. En determinados momentos de consumo, el consumidor quiere que el producto se sienta claramente abundante.
No necesariamente quiere comer más todos los días. Quiere que, cuando decide darse un gusto, la experiencia justifique la decisión.
FoodNavigator ha descrito este fenómeno como una lógica de “more is more”, especialmente visible en foodservice, donde productos cargados de toppings, capas, rellenos, contrastes y elementos funcionales o indulgentes pueden construir una percepción de valor superior y generar conversación digital.
El concepto es interesante porque no equivale simplemente a hacer porciones gigantes. El maximalismo contemporáneo funciona a través de densidad de experiencia. Un postre puede combinar múltiples texturas. Una bebida puede integrar crema, espuma, inclusiones o contrastes de temperatura. Un snack puede sumar relleno, recubrimiento y topping. Una pizza o hamburguesa puede convertir el armado en parte central del atractivo.
En un momento de presión económica, esto podría parecer contradictorio. Pero precisamente ahí está su lógica comercial. Si el consumidor va a gastar en indulgencia, quiere sentir que el producto ofrece algo difícil de reproducir en casa y suficientemente memorable como para justificar el desembolso.
Para foodservice, esto convierte la presentación en parte del modelo de negocio. Un producto visualmente espectacular puede generar contenido orgánico, conversación y tráfico. El plato deja de ser únicamente lo que llega a la mesa y se convierte también en material de comunicación.
El desafío aparece cuando la tendencia llega al fabricante. Escalar abundancia es mucho más difícil que crearla en una cocina. Ingredientes que lucen perfectos recién colocados pueden perder textura durante transporte; capas pueden mezclarse; recubrimientos pueden humedecerse y formatos visualmente atractivos pueden complicar empaque y distribución.
Ahí es donde la tendencia adquiere valor para la industria de ingredientes y equipos. Estabilizantes, inclusiones, toppings, rellenos, sistemas de dosificación y tecnologías que mantengan contrastes pueden convertirse en herramientas para industrializar una experiencia que originalmente nació en foodservice.
También abre una vía interesante en confitería, bakery, dairy y snacks, donde los productos premium pueden justificar su posición no solamente a través de materias primas exclusivas, sino mediante una construcción sensorial más elaborada.
El maximalismo no sustituirá a la simplicidad. Ambos pueden convivir porque responden a ocasiones diferentes. El consumidor puede buscar una comida limpia y práctica al mediodía y una experiencia exagerada el fin de semana.
La oportunidad está precisamente en comprender esa dualidad. No todo producto necesita contener más. Pero cuando el momento pide indulgencia, hacer apenas lo suficiente puede ser insuficiente.
Fuentes consultadas
- FoodNavigator — More Is More is reshaping food and beverage – so why are manufacturers still holding back?
- FoodNavigator — Health vs Indulgence: Why consumers refuse to choose.
- National Restaurant Association — 2026 What’s Hot Culinary Forecast.
- IFT — Top 10 Food Trends.










